Aunque de entrada parece un concepto abstracto, la utilización de la computación en la nube (cloud, en inglés) es cada vez más habitual gracias a su función de almacenar datos en remoto frente al formato físico. Servicios como Google Drive o Dropbox son un ejemplo perfecto de la evolución que implica guardar información en un espacio con capacidad más amplia gracias a internet, en vez de en un disco duro con capacidad específica.

El profesor Ramnath Chellappa fue quien acuñó el término ‘nube’ hace más de dos décadas, y la definió como “un nuevo paradigma de computación”. Durante este tiempo, su crecimiento ha aumentado las posibilidades de acceder a la información desde cualquier dispositivo que pueda conectarse a la red y, en la actualidad, algunos proyectos que recurren a la nube ya apuntan a un tratamiento que va mucho más allá del almacenamiento y que puede aplicarse a tecnologías como insurtech.

El informe How InsurTechs are transforming (re)insurers de PwC recoge que más del 70% de las aseguradoras y reaseguradoras ya recurren a servicios de cloud porque su infraestructura le facilita un acceso más rápido y eficiente al mercado. El estudio señala que las compañías aseguradoras ganan relevancia al utilizar las tecnologías aplicadas a la nube, y que además se vuelven más competitivas en el mercado y atraen más a los clientes si aplican la innovación para transformar su experiencia digital.

Además, los procesos cloud son más económicos y sostenibles que los análogos físicos: se reducen costes y se ahorra de energía. El informe The Carbon Benefits of Cloud Computing: A Study on the Microsoft Cloud de Microsoft explica cómo sus servicios en la nube son hasta un 93% más eficientes en energía y hasta un 98% en el uso de carbono que los centros de almacenamiento de datos tradicionales. Como ejemplo, apuntan que, si tan solo un 20% del mercado estadounidense se pasara a su cloud, sería posible eliminar las emisiones de gases contaminantes de ciudades como Seattle o Washington.

connection - insur_space by MAPFRE

La conexión con la nube es uno de los motores que impulsa al internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés). Gracias a la unión de estas dos tecnologías, el procesamiento y análisis de datos en los dispositivos y proyectos que se valen del IoT es más eficiente.

Sin embargo, a pesar de sus ventajas, esta tecnología también encara riesgos, sobre todo los que tienen que ver con los hackeos o la filtración de información que puede comprometer a los usuarios. La Guía de Cloud Computing del Instituto Nacional de Ciberseguridad apunta que estas amenazas pueden prevenirse si se mantienen unas políticas de protección estables, con copias de seguridad periódicas y aislamiento de equipos que puedan comprometer al sistema.

La nube se expande y ofrece nuevas posibilidades en un entorno cada vez más innovador, en el que el reto de las empresas es aprender a gestionar sus infraestructuras en este mundo deslocalizado y de progreso digital.

Wanna be part of our program?APPLY HERE