Pasar el año viajando, trabajar desde una hamaca en la playa, no tener limitaciones de espacio ni tiempo. A menudo nos encontramos con estos atractivos reclamos en las redes sociales y en la vida de otras personas. Sin embargo, a la hora de la verdad, sabemos que nuestro día a día se rige por condiciones y horarios estrictos sujetos al trabajo.

¿La excepción? Los autónomos que pueden elegir esa vida gracias a las ventajas de la era digital, que ofrece muchas más posibilidades de independencia y flexibilidad. Hoy en día, el funcionamiento de un negocio digital ya no requiere contar con una sede presencial y eso permite que, gracias a una buena conexión a internet, una empresa pueda funcionar en cualquier lugar del mundo.

Que el planeta entero (o cualquier lugar con acceso a internet) sea nuestra propia oficina es una de las características de los llamados nómadas digitales. Figuras como Chris The Freelancer o la periodista Anna Codrea-Rado asesoran desde sus plataformas a quienes también quieren seguir este estilo de vida.

Chris The Freelancer sugiere cuatro pasos para convertirse en un nómada digital de éxito: perfilar bien nuestra mejor habilidad, vender nuestros servicios o trabajar en remoto para una empresa, eliminar las barreras que nos quitan libertad y elegir desde dónde queremos ejercer.

Dentro de las empresas nativas digitales, el trabajo autónomo es mucho más común y aceptado, también por la flexibilidad que este ofrece. Para hacer análisis de datos, gestionar los contenidos de una página web o monitorear las ventas no es necesario estar en una oficina. De hecho, las empresas también se benefician de este aspecto, ya que pueden ahorrar en gastos de mobiliario, alquiler del espacio, energía… También es un modo de trabajo más sostenible, pues reduce los desplazamientos.

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Actualmente, el gobierno español ofrece facilidades para los dos primeros años en los que una persona se da de alta en el régimen especial de trabajadores autónomos. En ese periodo, el IRPF se mantiene al 7% y la cuota del primer año en 50 euros, que aumenta de forma progresiva en el segundo. En el resto de países europeos las cuotas varían: en Portugal no hay que abonar una cantidad mensual, pero sí destinar una parte de los ingresos anuales; y en Holanda se paga una cuota anual de 50 euros y un seguro mensual de 100 euros.

Aunque los autónomos del entorno digital trabajan en un espacio independiente y flexible, también deben estar protegidos por un marco regulatorio que les ofrezca seguridad. Es una de las principales peticiones de la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital), que recientemente presentó una propuesta de reforma de la ley que regula a los autónomos para darles mayor cobertura y protección, especialmente en el sector de la innovación.

La radiografía de Estados Unidos revela cómo se está adaptando el entorno freelance a esta tendencia en el país. El informe Upwork de 2018 detalla que hay más de 57 millones de autónomos, una masa laboral que ha crecido en los últimos cinco años motivada especialmente por la tecnología, ya que el 64% de encuestados encontró su trabajo online.

Precisamente, es la tecnología la que hace posible la existencia del nómada digital. Mediante el uso de herramientas, como Skype, es posible asistir a una reunión sin necesidad de estar físicamente en la oficina. Para mantener una comunicación fluida con nuestros clientes o compañeros de trabajo, y a la vez gozar de mayor libertad de movimiento, existen plataformas como Slack o Teams. El uso de calendarios virtuales u organizadores, como Trello, permiten que todos los participantes de una misma tarea puedan mantenerse al día.

Elegir el entorno de trabajo y ofrecer nuestras habilidades a diferentes compañías son algunas de las ventajas de ser autónomo digital. Hoy en día importa más cómo se desempeñan esas tareas que dónde. Por eso, si los recursos se gestionan de manera eficiente, la descentralización no tiene por qué ser un obstáculo.

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